Necesitamos romper el silencio sobre la salud mental.
Cada octubre reflexionamos sobre la salud mental. Para millones de europeos, no es solo un tema de conversación, sino una realidad cotidiana. Es la estudiante que tiene miedo de salir de su habitación, el padre que lleva semanas sin dormir, la enfermera que cuida de todos pero no se atreve a pedir ayuda.
El tema del Día Mundial de la Salud Mental —la salud mental como derecho humano universal— nos lo recuerda. Una de cada ocho personas en el mundo vive con un trastorno mental. En Europa, casi la mitad de la población ha experimentado malestar psicológico en el último año, y más de la mitad no ha recibido ayuda profesional.
La pandemia de la COVID-19 ha exacerbado un problema preexistente: el aislamiento, las dificultades económicas y el miedo han creado una tormenta perfecta. Pero la tormenta no ha terminado. Listas de espera interminables, servicios con financiación insuficiente y el estigma siguen obstaculizando el acceso a la atención médica.
El coste no es solo humano, sino también económico. Se pierden más de 600 000 millones de euros al año, más del 4 % del PIB de la UE, y la vida de las personas se ve afectada. Cada vez leemos más sobre jóvenes europeos abrumados por la ansiedad, la depresión y el agotamiento. Tras las cifras se esconden destinos truncados y un sufrimiento invisible. Sin embargo, la brecha entre las necesidades y la atención sigue siendo enorme.
Hoy en día, la atención a la salud mental en Europa sigue siendo una lotería según el código postal.
La posibilidad de recibir ayuda depende del lugar de residencia, los ingresos y la edad. Por ello, el Grupo PPE aboga por un nuevo enfoque que sitúe la salud mental en el centro de las políticas europeas.
Ya en 2023 solicitamos la creación de una comisión parlamentaria sobre salud pública. Esta comisión está ahora en pleno funcionamiento. Colabora con la Comisión Europea y expertos para recopilar datos, desarrollar estrategias y reforzar la rendición de cuentas institucional.
Porque disponer de datos fiables también significa diagnósticos más precoces e intervenciones más eficaces.
Pero no hablamos solo de estadísticas. Hablamos de personas, especialmente jóvenes, que se enfrentan a niveles de estrés y ansiedad sin precedentes. El EPP se compromete a introducir programas de educación sobre salud mental en las escuelas y a garantizar un mayor apoyo a los docentes y las familias.
Necesitamos servicios accesibles y cercanos a la ciudadanía. No solo más financiación, sino inversiones inteligentes, dirigidas a la formación, la investigación, la prevención y la cooperación entre países.
Nadie debería quedar excluido por vivir en el lugar equivocado o por no poder costear al terapeuta adecuado.
La salud mental es la base de una Europa sana, productiva y resiliente. Debemos preguntarnos si podemos permitirnos invertir en salud mental. Lo cierto es que no podemos permitirnos no hacerlo. Una Europa más fuerte comienza con mentes más sanas. Hagamos de la salud mental un derecho real, no solo uno proclamado.










